miércoles, 17 de julio de 2013

La Provenza (Marzo-Abril 2013) Primera Parte

A diferencia de otros aspectos personales, en lo que a vacaciones se refiere somos amantes de la improvisación. Nunca nos marchamos con reservas hechas; simplemente, un par de días antes de la partida buscamos algún camping que nos atraiga para establecer el campo base. Pero esta vez, a la improvisación se unió la indecisión: nos vamos a Saint Just o el lago de Salagou (son destinos que están esperando la creación de su post, pero la celeridad no es mi fuerte) o apostamos por un lugar desconocido? Así que cuando me acordé de los campos de lavanda de la Provenza lo tuve claro: ese sería nuestro destino. (Ay, bendita incultura, cuando descubrí que la lavanda no florece hasta verano ya era demasiado tarde...).

Así que el día 29 de marzo, no muy temprano por la mañana, vamos a buscar la caravana al caravaning, con el cielo que amenaza lluvia. "Que mala suerte tienen ustedes, siempre que se van les hace mal tiempo" nos comenta la encargada. Si, somos los gafes de la lluvia, pero la preferimos mil veces antes que la fuerte tramontana que sopla por estos lares.  
Comemos cerca de Montpellier y decidimos nuestro destino: nos dirigimos a Brignoles, población que se encuentra en medio de los destinos que queremos visitar (Saint Tropez, Montecarlo, Aix-en-Provence).



Gracias al gps, encontramos un camping municipal en Brignoles, pero estábamos teniendo demasiada suerte: el camping abre el día 1 de abril. Así que se impone un plan B; a unos 15 kilómetros, en la población de Sainte Anastasie Sur Issole, encontramos el camping La Vidaresse (http://www.campinglavidaresse.fr/). Se trata de un camping tranquilo, lleno de bungalows pero con pocas plazas para caravana. A pesar de la aparente calma, los dueños nos avisan que tienen todos los bungalows ocupados, pues en una población vecina hay un concurso de majorettes. Suerte que el concurso sólo duró el fin de semana, pues la plena ocupación casi nos cuesta morir de congelación. Pero esto, ya lo contaré más adelante...






El dia se levanta nublado, después de una noche de abundante lluvia. Pero con muchos ánimos nos dirigimos a Saint Tropez (http://www.saint-tropez.fr/fr/), lugar de veraneo de la jet set internacional. Esta famosa población se encuentra sólo a 60 quilómetros de nuestro campo base, pero se me hacen eternos, pues la carreterita en cuestión seguro que participó en  el casting para grabar el anuncio de la Biodramina... Por Dios, qué curvas!

La verdad, que semejante paliza no la vamos a repetir; Saint Tropez nos decepciona un poco, pues en lugar de un encantador pueblo de pescadores de la Costa Azul, nos encontramos con Pijolandia. En resumen, es el típico sitio que no importa tanto ir cómo que sepa que has ido.












 





Vamos, la mayoría de pueblecitos de la Costa Brava no tienen nada que envidiar a Saint Tropez...


Siguiente parada: las Gargantas del Verdon! Se considera uno de los cañones más bonitos de Europa (bueno, realmente el paisaje es espectacular, pero de ahí a considerarlo el más bonito de Europa... es que los franceses tienen en muy alta estima su patrimonio y aprovechan la minima ocasión para promocionarlo, a veces justamente y otras, no).  Des de lo alto de sus numerosos alcantilados, se aprecia el serpenteante río Verdon, que debe su nombre a sus aguas verdosas.










Lago de St. Croix



De vuelta al camping, pasamos por la población de Cotignac, en las cual hay unas interesantes grutas para visitar (pero que nos encontramos cerradas). Os recomiendo la visita a este pueblo, pues hay gran cantidad de artesanos que han instalado su taller aquí, a parte de un buen número de antiquarios, que son una delícia para los amantes de los objetos de decoración estilo art decovintage y rústico ( http://fr.wikipedia.org/wiki/Cotignac)








Como podéis comprobar por las fotos, el tiempo fue empeorando a medida que pasaban los días; cualquiera díria que nos encontrábamos en la soleada Provence... Y es que por la noche, la temperatura descendía hasta casi llegar los 0 grados. Lo sabemos de buena tinta, pues, y tal como he insinuado más arriba, hubo un par de noches que llegamos a los 2 grados dentro la caravana (tenemos un termómetro para satisfacer nuestra curiosidad; la máxima temperatura la alcanzamos el verano pasado con 38,5 grados!, en los Alpes). Y eso que íbamos equipados con un radiador; pero no tuvimos en cuenta tres factores ( y los dueños del camping tampoco): la plena ocupación de los bungalows, noches especialmente frías y una instalación eléctrica muuuuy  justa. El resultado? la electricidad se iba por la noche, parando nuestra fuente de calor. El problema se acabó cuando se desocuparon los bungalows, pero las noches de tiriteo no nos las quita nadie.


La mejor manera de empezar una jornada es con un buen desayuno; pues bien, el día que visitamos Cannes y Grasse nos dimos este homenaje (véase la foto). Sin duda alguna, para nosotros, es el mejor momento del día.



Darse una vuelta por Cannes es todo un espectáculo, no tanto por sus monumentos y lugares turísticos, sino por lo variopinto de sus habitantes y turistas. Si en Saint Tropez tuve la sensación de presenciar desfiles de modelos por el paseo, con glamour y estilo, en la ciudad del festival de cine, de estilo, había poco (supongo que en las fechas del festival, mi apreciación sería distinta). Mucha señora adornada a golpe de logotipos de marcas caras, pero que en conjunto, resultaban de lo más peculiar. Sólo me atreví a inmortalizar la pareja que aparece, más abajo... no tengo mucho espirítu de paparazzi, que digamos.




El casco antiguo


Un bosque de mástiles... o vas en velero o no eres nadie :-)


La mairie 


Panorámica de una de las playas de la ciudad


No se ve bien, pero el perrito no llevaba este color de pelo. Menos mal...





El famoso (y caro) Hotel Carlton








El archiconocido Boulevard de la Croisette; el precio de las viviendas en esta zona alcanzan cifras astronómicas

Si quereis más información, os sugiero la siguiente página: http://www.cannes.com/.

Por la tarde, visitamos la población de Grasse, la capital mundial del perfume, que se encuentra a escasos 20 quilometros de Cannes (http://www.grasse.fr/). La verdad, es que no sé si por la lluvia que empezaba a caer o por el cansancio que nos produjo buscar un aparcamiento vigilado (sólo hay uno en todo el casco antiguo), la impresión que me llevé de Grasse fue la que describe el escritor Patrick Suskind en El perfume: "(...) Era increiblemente sucia, a pesar o debido precisamente a toda el agua que emanaba de  docenas fuentes y que inundaba la ciudad de barro (...). En algunos barrios, las casas  estaban tan cerca las unas de las otras, que el espacio que quedaba obligaba a los viandantes a apretarse unos contra otros (...) Sin embargo, en medio de la suciedad, en medio de la estrechez, la ciudad reventaba de actividad comercial. En su vuelta, Grenouille atisbó, por lo menos, siete jabonerías, una docena de maestros perfumeros, innombrables pequeñas destilerías y finalmente, unos siete comerciantes que vendían perfumes al por mayor".




No se me ocurre un lugar que huela menos a jazmín que un bar... y si encima venden tabaco, ya ni te digo!








Pero, me parece que no fui justa en mis apreciaciones, y que, en otras circunstancias, hubiera disfrutado más de la visita. Si tenéis la oportunidad de ir, no dejéis de visitar alguno de sus museos del perfume y tiendas especializadas; crean una fragancia exclusiva para ti (ya lo sé, es un camelo para turistas, pero me encanta).

Y hasta aquí la primera parte de nuestra escapada; en el siguiente capítulo, os contaremos cómo nos fue por Montecarlo y Aix-en-Provence. No os lo perdáis!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario